CREACIÓN, ESTRATEGIA Y
MANAGEMENT DE EMPRESAS Y ORGANIZACIONES DESDE PERSPECTIVAS DIFERENTES E INNOVADORAS
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jueves, 2 de febrero de 2012

Feliz RandsDay

Hoy es el cumpleaños de una de las mentes más lúcidas del siglo XX. De una luz que advirtió y denunció situaciones y posibilidades que la historia ha ido confirmando.
Lean esta cita :

"Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican, no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada." 

La autora de la cita es Alisa Zinovievna Rosenbaum más conocida como Ayn Rand. Una emigrante judía de la Rusia de los Zares que se estableció en los Estados Unidos. Nació el 2 de febrero de 1905, y dicen que murió en New York el 6 de marzo de 1982, pero no lo crean, Ayn Rand, Alisa, nunca morirá.
No dejen de leer su biografía, y sobre todo, sus obras.

Feliz cumpleaños Alisa. Mazel Tov.

viernes, 23 de julio de 2010

un taxi a 38 grados : aire acondicionado y liberalización

Es habitual la tendencia de determinados empresarios, o grupos de empresarios a "cerrar mercados" a contingentar las posibilidades de actuación en una determinada área económica o sector. Una muestra de ello han sido ( y siguen siendo en muchos casos) instrumentos como las "autorizaciones" o "licencias previas" para el ejercicio de una actividad. Siempre que existe una contingentación mediante intervención del estado de manera casi inevitable surge un mercado paralelo y fraudulento sobre estas autorizaciones. En España lo hemos visto con las tarjetas de transporte, por ejemplo.

Hoy tenemos ejemplos que persisten, por ejemplo en el sector del taxi.

Los taxis tiene una autorización administrativa, y nadie puede libremente ejercer esta actividad sin la citada autorización. Ello conceptualmente se ampara en la noción de "servicio público" y con ello se trata de garantizar un servicio al ciudadano. Sin embargo lo que ocurre en la práctica es todo lo contrario.

Ayer tuve una agradable comida con un muy alto cargo de la Dirección General de Tráfico a propósito de celebrar un largo proceso de creación normativa en el que tuve la satisfacción de intervenir. Tras la comida, y habida cuenta que tenía tres horas libres antes de tomar el tren de vuelta a Valencia, decidí junto con un compañero de la comida acercarme a una librería del centro de Madrid a buscar un par de títulos. Tomamos un taxi en la parada de delante del restaurante, situada en la puerta de un Hotel de 5 estrellas. Cuándo le indicamos al taxista la dirección nos protestó con una falta de educación e impertinencia atroces. Nos dijo que él no estaba en una parada para un servicio de 6 euros, que llevaba allí media hora esperando una carrera al aeropuerto o similar, que si no podíamos haber tomado el taxi en otro sitio... etc. Por prudencia y educación aligeramos la controversia y dejamos en monólogo sus quejas mientras nos acercaba - con 38 grados y sin aire acondicionado - a nuestro destino. Nos explicó que el aire acondicionado "gasta mucho", y que tampoco tenía navegador ya que "quién no sabe dónde va ,que se apañe". Cuando bajábamos del taxi le recomendamos, con una sonrisa, que quizá con otro trabajo sería más feliz.

Ello me hizo volver a convencerme, mediante esta sudorosa experiencia, de los males de la falta de liberalización en la economía real. Tuve que tomar el primer taxi de una parada, ya que así lo establece una norma, sin poder elegir el tercero o el quinto, que son vehículos más cómodos y con aire acondicionado ( y no es difícil que con un conductor más amable); hay contingentación para garantizar el servicio público pero en más de una ocasión no he podido tomar un taxi en alguna ciudad si a esa hora se retransmitía un partido de fútbol importante, por lo que la garantía de medio de transporte no existe. He de pagar el mismo precio de carrera con un taxi limpio y nuevo que con uno digno de desguace... Desde un punto de vista empresarial el taxista emprendedor ve limitadas sus posibilidades ya que no puede variar precios, ni buscar nichos de mercado dónde seguro pagarían tarifas más altas por un servicio de mayor calidad, o de menor oferta... Es decir mata cualquier intento de mejora, de innovación y es un freno a la inventiva. Un país como el nuestro con el Turismo como fuente de creación de riqueza no puede mantener sectores conexos como el del taxi con regulaciones del siglo pasado. La falta de libertad en la fijación de precios, condiciones, mejoras...y la imposibilidad de innovar para ganar mercado, o ganar más , lleva a que ,incluso, el pequeño fraude persista ( el "palo" al turista). Claro, es difícil que el taxista entienda que libertad de precios, diferentes tipos de taxi y de compañías, ampliación de servicios y mercado libre le favorecería... y es evidente que así es a medio plazo. Y seguramente el taxista maleducado, sucio y poco servicial desaparecería frente al taxista profesional, limpio y honesto ( que son muchísimos...). La Ley Omnibús ( a pesar de las protestas de los sindicatos y asociaciones de taxistas) puede afectar a este sector, que necesita una limpieza urgente.

Para pensar.

lunes, 9 de marzo de 2009

Progreso


Hoy en día vivimos en una auténtica dictadura de lo políticamente correcto. Incluso en las cuestiones referentes a la gestión empresarial o los análisis económicos. Nos hemos olvidado que el progreso nace de la oposición a lo “políticamente correcto”. Las Revoluciones Francesa o Americana del XVIII rompen con los esquemas político sociales del llamado “Antiguo Régimen”, incluso la Revolución Neolítica rompió con la idea de que la única forma de subsistir era la confianza en la Providencia , en aquello que el hombre podía pescar, cazar o recolectar, y comenzó a cultivar y practicar la ganadería. Necesitamos una verdadera “revolución neolítica” en nuestras mentes para progresar, ello es necesario en las épocas de crisis como la actual. No obstante, parece una tarea difícil. Hay paradigmas demasiado enraizados en muchas personas, hemos sufrido una continua erosión, e incluso me atrevería a decir aculturación, que ha convertido las conversaciones, opiniones y cotidianos debates en una repetición de tópicos, muchos de ellos fruto de un adoctrinamiento inconsciente.
La sacralización del “estado del bienestar” es uno de esos tópicos. Hemos vuelto a ser paleolíticos. Hacemos depender de la providencia del estado nuestro bienestar personal. La dejación de la responsabilidad en manos de un ente abstracto. Esta corriente es clara y patente en regimenes totalitarios, de corte comunista o fascista, y en principio totalmente contrarias al pensamiento liberal, pero la tendencia a la irresponsabilidad es fácil en una sociedad infantilizada y cada vez menos culta. Empresarios que esperan ayudas estatales para salir de la crisis, trabajadores que buscan un “curro” no un “trabajo” es decir, un medio que les de unos ingresos sin pensar en una verdadera carrera profesional. La formación no es importante. Los sindicatos pidiendo subidas salariales en un momento dónde los empresarios tienen verdaderas dificultades en mantener sus empresas (claro, para algo estará después “papá estado” y su sistema de protección y paro). Y todo aderezado con los narcóticos sociales clásicos, prensa rosa, amarilla y verde incluidos.


La dictadura de lo políticamente correcto hoy incluye la defensa de los valores llamados “progres”, sin demasiada profundidad y rigor intelectual. Hoy es más correcto llevar un piercing o un tatoo "etnico" que leer a Montaigne y difícilmente se dan ambas condiciones a la vez. Hay vocablos prohibidos, como “tradición”o "familia", y las marginalidades son más comprendidas, y adoptadas, por su estética que por su esencia. Asistimos a fenómenos como los ecopijos, jóvenes que defienden posturas ecologistas excepto cuando tiene que esquiar, ir al chalet de papá o comprar cara moda vintage. Por supuesto contarán con el beneplácito de sus padres, que se adscribirán a posiciones socialdemócratas, y condenarán acciones defensivas de países democráticos frente a agresiones de grupos totalitarios terroristas. Los mismos que demandarán energía más barata para sus electrodomésticos de última generación oponiéndose a la construcción de centrales nucleares. Claro que considerarán una vulgaridad que el tendero de la esquina, el pequeño empresario o el taxista que los lleva a su trabajo funcionarial, se quejen amargamente de la falta de clientes, la falta de crédito o de la presión fiscal. Al fin y al cabo se relajarán viendo alguna película subvencionadisima, de temática pastel social y aderezada con algún taco soez… que también es "progre". Por supuesto que este retrato es un tanto caricaturesco, pero seguro que conocen a más de un ciudadano que se les parece. Tampoco es mi intención el aseverar que los funcionarios no trabajan, pero si que su productividad es escasa, más debido a la inercia del sistema que a su esfuerzo (aunque el esfuerzo no es un adorno de todos los funcionarios, precisamente).
Decía
Passolini que cuando veía en Mayo del 68 a un gendarme zurrar a un estudiante consideraba cumplido su sueño de revolucionario: ver a los hijos de los campesinos apaleando a los hijos de los burgueses. Claro, Passolini mostraba una posición de auténtica independencia, y se atrevía a pensar por si mismo, sin que “fuera pensado” por editoriales de periódicos de gran tirada o cadenas televisivas dirigidas.
En una España con más de 3 millones de funcionarios y más de 3 millones de parados hace falta ya que se produzca una verdadera
“Rebelión de Atlas”, en la gestión de las empresas, dónde se imponga el sentido común, la productividad y tendente a la desaparición de las ineficiencias del absurdo crecimiento del estado y de la necesidad de impuestos para soportarlo. Debemos desempolvar a la escritora Ayn Rand.

Ya el maestro Ortega y Gasset lo apuntó como un profeta:
“La espontaneidad social quedará violentada una vez y otra por la intervención del Estado; ninguna nueva simiente podrá fructificar. La sociedad tendrá que vivir para el Estado; el hombre, para la maquina del gobierno. Y como a la postre no es sino una máquina cuya existencia y mantenimiento dependen de la vitalidad circundante que la mantenga, el Estado, después de chupar el tuétano a la sociedad, se quedará hético, esquelético, muerto con esa muerte herrumbrosa de la máquina, mucho más cadavérica que la del organismo vivo”

El verdadero progresismo es la ruptura con las deficiencias de un sistema caduco, y la restauración de los ideales de libertad (de conciencia, de empresa, de espíritu), igualdad (de oportunidades) y fraternidad (no institucionalizada en ONGs). Posiblemente ahora algún alma cándida me azotará con el epíteto de "neoliberal" ( por favor, si es así le agradezco que me libere del innecesario sufijo). Y esta sería a buen seguro la posición de los promotores de la Revolución Neolítica, la Americana y la Francesa. Si Washington levantara la cabeza…